17 jul. 2010

EL LIBRO DE LAS ESTRELLAS

EL LIBRO DE LAS ESTRELLAS

-¿Comprende usted el significado que tiene el firmamento? Dijo el anciano mirando a su discípulo.

-Sí, creo que lo comprendo. Pero sepa usted que fui yo quien lo hizo -dijo llorando, pero con voz desafiante, mientras miraba los trozos de papel esparcidos por el suelo.

-¿Porqué lo ha hecho? ¿Porqué ha destruido el trabajo de tantos años?- la tristeza invadió el cuerpo del anciano, en sus manos sostenía parte del libro que había hecho trizas su discípulo, se sentía cansado.

-¡Usted me mintió, nos mintió a todos!- Grito el discípulo entre sollozos- Le escuche sin querer mientras hablaba con el hermano Matías… Usted también nos va abandonar… me va abandonar… ¿Porque nos hizo creer que todos éramos uno? ¿Qué todos formamos parte de todo? Ahora sé que usted no es Maestro y que todo lo que nos ha enseñado son mentiras y fabulas.- El discípulo miró con rabia al anciano.

El Maestro suspiro, hizo una pausa y se acomodo en el pequeño taburete, era uno de los pocos muebles que decoraban la austera habitación. Miro hacia la pequeña ventana que filtraba los pequeños rayos de sol que aun quedaban en ese atardecer, su cara se convirtió en nostalgia.

-Está bien le contaré porque mentí…- respiro hondo, paso la mano por su frondosa barba y empezó su relato.

-Provengo de una pequeña aldea, a muchas horas a caballo de aquí, ni siquiera recuerdo en qué dirección se encuentra mi antiguo hogar. Era un joven rebelde pero estudioso, tenía unos 13 años cuando conocí al Maestro Lorenzo, era un filósofo medio loco que nadie entendía, porque nadie sabía escucharle.

Para mí, era el maestro del cielo, sabia cosas sobre el firmamento, sobre todas las estrellas, sabía leer las constelaciones, y me quede fascinado con todas sus teorías. Así empecé a escribir ese libro…- El viejo Volvió a mirar de soslayo el suelo cubierto de pequeños trozos de papel pergamino-.

Un día acusaron al maestro Lorenzo y a mí de hacer brujería, a él lo detuvieron y encarcelaron, yo pude escapar, antes de que quemaran todo lo que había en su casa, me lleve el libro. Con el miedo metido en el cuerpo, tuve que salir huyendo sin rumbo hacia las montañas y estuve escondido durante muchos años, todo ese tiempo seguí estudiando las teorías y enseñanzas de Lorenzo, y en el mismo libro que me llevé, seguí escribiendo sobre las estrellas.

Aun no sé ni como llegue a este monasterio, al ser un claustro pensé que aquí nunca me encontrarían, los monjes me acogieron de buena gana, los discípulos jóvenes escaseaban, me preguntaron que quería hacer para ayudar, y me ofrecí a lo mejor que sabía hacer, hablar sobre el firmamento…Y es lo que he hecho hasta el día de hoy. Tienes razón no soy Maestro, ni siquiera un buen monje, pero todo lo que le he enseñado a usted y a sus compañeros es cierto.

Y como ya sabe en breve tengo que partir, tengo una enfermedad grave y antes de morir tengo que volver para ver a mi familia, ellos piensan que fallecí hace muchos años, también tengo que saber que le paso a mi querido Maestro…

Esta es la verdadera historia de cómo un aprendiz de filósofo acusado de brujería terminó siendo maestro y medio monje…Siento haberles mentido a usted y sus compañeros, pero no tenía otra salida.

El joven discípulo, quedó atónito sobre el inquietante pasado de su maestro empezó a sentirse apesadumbrado por el acto que había cometido, se lanzo a los pies de su Maestro pidiendo perdón mientras las lágrimas le recorrían su pálida cara.

-Perdóneme usted Maestro, no sé que me paso por lo cabeza. Le suplico que me castigue sin piedad, dígame ¿Qué debo hacer?

El anciano miro al joven lo cogió de los hombros y le obligo a erguirse, clavo su mirada en él y dijo:

-Usted mismo deberá aplicarse un castigo- sentenció, metió las manos en las mangas de su hábito, y se dispuso a abandonar la habitación, dejando solo al joven.

El joven discípulo miro a su alrededor, sin saber qué hacer, pero una pequeña voz le hablo en su interior.

Sin pensarlo dos veces, cogió papel, tinta y pluma, se arrodillo ante los miles de trocitos de pergamino rotos, y se dispuso como si de un puzle se tratara a encajar todos esos pequeños papeles. Sí, ese sería su castigo, volvería a escribir el libro de las estrellas.

Al volver el Maestro de sus rezos diarios, abrió la puerta de su celda, y su sorpresa fue encontrar a su discípulo con papel y pluma escribiendo sin parar… Alrededor del joven se encontraban todos sus compañeros intentando encajar los trocitos de papel que cubrían toda la estancia.

El maestro volvió a mirar por la ventana, ahora el firmamento estaba sobre ellos, se acerco a su discípulo y posando su mano sobre la cabeza del joven dijo:

-Tú eres una estrella rodeado de estrellas, y no estás solo formas parte de este…nuestro firmamento.

El joven con lágrimas en los ojos contesto:

-Ahora si lo entiendo.

Fin

A.Abril

2 comentarios:

  1. Y siempre hay alguna que brilla por encima de las demas.
    Molt guai
    Giorgio

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  2. jejeje tu lo has dicho Giorgio!!! gracias por el coment

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